Generación / generation

seis obras, cualquier formato, cada último domingo del mes / six pieces, any format, every last Sunday of the month

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La pieza que dejé en el olvido

Por: Julia Martín Blanco

Adoration of the Magi, Leonardo Da Vinci C. 1481, Uffizi Gallery

En días de lluvia cálida, esos que recuerdan a los últimos momentos del verano, cuando las calles nocturnas ofrecen un nuevo silencio, de aquellos que vuelven a abandonar el nido para luego regresar al cálido abrazo de lo conocido, ahí es cuando recuerdo todo aquello que dejo a medias y no consigo retomar — lo inacabado. 

Paseaba hace semanas por la galería Uffizi, en Florencia, cuando ví Adoration of the Magi, una obra comenzada por Da Vinci que le había encargado Austin Friars para una iglesia en lo alto de las colinas de Florencia. La empezó a bocetar y pintar alrededor del año 1481, pero nunca la llegó a terminar porque se fue a Milán poco después de los primeros trazos. Y ahora, cerca de 600 años después, está expuesta en medio de una sala llena de personas que la admiraban, una obra sin terminar, vacía. ¿Si la obra hubiera sido terminada nos hubiéramos parado tanto tiempo mirándola? ¿Dejó Da Vinci parte de sí en esta obra? ¿Se habrá arrepentido de no terminarla nunca? 

Mis pensamientos son inundados por mis proyectos inacabados más a menudo de lo que me gustaría. Esos cuadros inacabados, canciones sin melodía, historias sin desenlace que sienten el desgaste de la pasión con el paso del tiempo, del sentimiento. 

Llego a casa por vacaciones y en mi habitación siempre me espera el primer cuadro original que hice. No usé inspiración, no miré imágenes ni técnicas, fue completamente mío, reflejaba mi subconsciente, me enseñó cosas que yo no sabía ni explicar. Lo pinté en una mala época de bachillerato, la vida no me sonreía y me sentía abrumada por la competencia constante que se esconde entre las sonrisas del arte. Me frustré tanto que en este cuadro nunca pinté lo que considero lo más característico de mis dibujos, los ojos. Lo miro y me arrepiento de haberlo dejado vacío, sin emociones, pero me limito a observar, nunca a actuar. El mundo propone nuevos retos cada día y no consigo dedicarle tiempo. Igual debería permanecer así, mostrar una verdad que no deseo aceptar. 

Haciendo limpieza encuentro cuadernos con canciones vacías que nunca compuse, que perdieron sentido cuando los sentimientos presentes se convirtieron en pasados, esos sentimientos que ocupaban tanto espacio en mi alma que se escapaban por mis letras, contando historias más allá de mi mente. La bomba se desactiva por culpa del olvido. 

Pero después reflexiono sobre la belleza de esas partes que se quedan en todo lo que hacemos. Sentir nos hace humanos y el legado de nuestra memoria se puede quedar de manera permanente en algo tan simple como una hoja de libreta. Cuadernos de mis recuerdos que a veces me encuentro por casualidad, que al abrirlos expanden una ola de emociones y nostalgia, lo respiro y siento esas emociones de lo que nunca se terminó. 

Somos trocitos de lo inacabado, de lo que vemos de paso, de lo que dejamos a medias. 

Dejar algo inacabado te da acceso a la puerta más grande: la de continuar. Sumergirte en la historia de nuevo, ofrecer una perspectiva actual y disfrutar del proceso, siendo una nueva versión, pero siempre siendo tú.

Escribir esto me lleva de nuevo a aquellas emociones que han tomado forma física, de tal calibre que no cabe su representación en este mundo. Aquellos dibujos, cuadros, canciones, poemas, esculturas e historias que me esperan a medio hacer, sin un fin, sin un final. Tal vez Da Vinci, sea donde sea que esté mira su obra y se arrepiente de haber zarpado, de haberla abandonado, con los trazos frescos de dolor.

O tal vez, no.

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