Generación / generation

un blog para nosotros, por nosotros, sobre nosotros / a blog for us, by us, about us

*QUERIDXS LECTORXS: como sabéis, durante los últimos tres años, hemos utilizado otra plataforma para publicar las ediciones. para leer las antiguas ediciones, tenéis que dirigiros al antiguo blog.
DEAR READERS: As you know, for the past three years, we have been using a different platform to publish our editions. To read the old editions, please visit the old blog.

al bord(ado)

Por: Adela López

As cadeas // Las cadenas // Chains [Encaixe Galego Tradicional-Concepción Canoura Leira]

“Vivir na Coruña, que bonito é,” va la canción. Desde luego que es bonito –Galicia es donde aprendiste sobre un mundo de artesanía: la cerámica de Buño, las joyas de azabache, el encaje de bolillos (o encaixe, en gallego). La primera vez que viste un video de una señora haciendo el encaje, parecía imposible; sus manos manejaban casi 100 palillos enredados, una maraña de hilos apoyados en una almohada, atravesados con alfileres de los que tampoco parecía que saldría un patrón. 

Esa primera noche, casi sonámbula por el jet lag, bajaste a buscar un helado; en el primer sitio abierto, frente a la Marina, encontraste a dos hermanas mayores –Mari y Cili– dueñas del restaurante Noray. 

Prometiste volver al restaurante el día siguiente, y así fue; entre visitas para buscar una habitación en la ciudad, volviste a leer el periódico y comer una tortilla española con cebolla, una sede central que acabaría siendo como un segundo hogar. La hermana cocinera, Mari, te invita a sentarte con Cili, la otra hermana, mientras hablan de sus tres hermanas que también comparten variaciones del nombre María. Conociste a Antonio, al que Mari siempre le cocinaba una dieta especial; Marina, que tuvo cirugía de cerebro, y su marido Pedro; unos niños que serán tus primeros alumnos en las clases por la tarde.

Empezaste a ver tu estancia allí como el encaje en sí mismo –una serie de hilos delicados, entrelazados. La mayoría de las interacciones en esos primeros meses acabaron en hilos rotos, personas que nunca volviste a ver en tu vida –pero poco a poco, se fue tejiendo un patrón fino, frágil, que un día, sin darte cuenta, cogió forma. 

***

Vas adaptándote, enredando más hilos, tejiendo un encaje más y más completo. El acento argentino que tanto te había cautivado en las pelis de la universidad –La historia oficial, El secreto de sus ojos, Carancho, Nueve reinas, El hijo de la novia (vamos, casi una sesión completa solo de Ricardo Darín)–  te delata aún más como extranjera, así que vas adaptando el ceceo y pronuncias las elles más como una i griega

Siendo más alta de la mujer española promedio, te cuesta encontrar calzado de tu talla, y ya harta de andar con pies mojados en las bambas que trajiste, compras unas botas impermeables que pueden acomodar unos calcetines bien gruesos. El contraste es brutal: las mujeres tan bien vestidas en la capital del Inditex, vestidas en la última moda de Zara, y tú, en tus vaqueros pitillos y unas botas impermeables enormes. 

“Y esas botas?” te preguntan en la cocina del Noray, donde Mari prepara un pulpo en un pote de agua hervida. 

“Sí, ya lo sé,” respondes con un gesto de la mano. “Son botas feas, pero abrigan mucho contra la lluvia.” La verdad es que estás harta de recibir miradas críticas de mujeres estilosas que aparentemente no tienen problemas en encontrar calzado en su talla.

“Pues sí que son feas,” contesta Cili. 

“Hombre, pero si abrigan, da igual», reparte Mari, echando la cebolla a la sartén para preparar una tortilla de patatas. Años después, esas botas se convirtirían de moda bajo la lluvia gallega. 

***

Pensabas que ibas a estar nada más un año en Coruña (bueno, ni siquiera eso  –más bien, nueve meses, lo que duraba la beca), y acaban pasando seis años. Ahora sí que encajas más (aunque destacas por vestirte por el tiempo y no por la estación). Encuentras un grupo de amigos con los que compartir los fines de semana, y por la tarde, das clases a familias que te invitan a formar parte de las suyas. 

Viendo videos de encaje, aprendes que las encajeras utilizan unas técnicas llamadas “vuelta” y “cruz”, lo que te hace gracia al escucharlo por primera vez. Cruzas un lado del charco al otro, pero ahora cada dirección supone una vuelta: una vuelta a tu familia, al pueblo donde naciste. Y la vuelta contraria, a otra vida ya familiar, la gente del restaurante y del colegio donde enseñas, y un idioma que ya te viene a la boca con facilidad.

***

Sin embargo, a veces te sientes como si no encajas ni aquí ni allá. Estás a gusto aquí, con un trabajo en la capital, pero siempre piensas en volver algún día.

Es verdad que las cosas no son lo que eran. En un viaje a Tenerife por el trabajo, te levantas y miras las noticias, y el candidato ha ganado; estás en medio de una isla paradisíaca, y te sientes desatada, a la deriva, sin ancla. (Te habría venido bien el Noray en ese momento.)

Empiezan las detenciones. La gente pide el nombre de la persona detenida, para intentar mantener un récord ante la posibilidad de la desaparición de la persona. Tu amiga pregunta, “¿Puedes imaginar si la policía aquí empezara a detener a la gente por hablar inglés? Que en vez de pasar por el Gran Vía hablando en voz alta, ¿lo hablarían a susurros?”  

Enero viene: aquí celebras la propuesta de regularizar a miles de personas sin papeles, un avance enorme para la gente que lleva tejiendo sus vidas aquí. Y de allá sale la noticia de que están deteniendo a niños, esperando a los padres en los parkings de los coles, encerrando a familias enteras en celdas donde llevan ya más de cuatro meses.

Ya sabías que las detenciones, desgraciadamente, no son ninguna noticia, pues habías trabajado para ayudar a los inmigrantes allá. Pero también, te preguntas por qué puedes seguir tejiendo una vida en un país nuevo, mientras a otros les arrebatan sus vidas. 

¿Quién dicta las reglas de quién encaja y quién no? Desde cuándo? ¿Qué pasa si no te aceptan en su definición de nación, pertenencia, humano? 

Y luego: ¿Qué pasa cuando la policía te arranca de tu sitio, rompiendo el encaje que llevas tejiendo? ¿Cuando te quitan de tus manos la historia que intentas crear, sin importar lo entrelazada que estabas con tu comunidad? 

¿Que en vez de sostener los hilos de tu propia vida en tus manos, te las atan con bridas? 

Vivía en Oregon

Fuimos detenidos 

en estacionamiento 

del ospital

me ciento mal

porque estraño

a mis peluches

no quiero estar

aquí y estraño

a mis amigos

y tabien estraño

a mi maestra

y mi casa 

y mi cama.

no somos delincuentes

yo soy una niña muy

bonita

Deja un comentario

Descubre más desde Generación / generation

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo